Ruta de los hombres


La comarca de los Llanos de Olivenza ofrece para su redescubrimiento a figuras destacadas de nuestro pasado en todos los campos de la ciencia, el arte y la historia. Para conocerlos proponemos una ruta que nos lleva por los pueblos a los que permanecen ligados sus nombres. En esta Ruta de los Hombres no sólo se citan personajes nacidos en la comarca, también aquéllos que sin ser oriundos de ella han realizado una relevante aportación a la cultura o la historia local.

De la Olivenza luso-española nos llegan ecos de nombres perdidos en el olvido: del siglo XVI, Vicente Lusitano, músico, compositor y teórico de la música renacentista; fue profesor en Roma, Viterbo y Padua y compuso una “Introduttione Facilísima” y la colección de motetes “Liber Primus Epigratum que bulgo moletta dicuntur”. Aunque natural de Coimbra, Enrique de Vasconcelos, Fray Enrique de Coimbra, tenía lazos familiares en Olivenza y a ella estuvo íntimamente ligado. Famoso teólogo de la época, le cupo el honor de ser el primero en oficiar una misa en Brasil junto a Cabral, su descubridor. Fue el primer Obispo de Ceuta con sede en Olivenza e impulsor de la iglesia de la Magdalena, donde se encuentra su túmulo funerario. De la cultura vecina, uno de los dos pilares de la identidad oliventina, también destaca O Camôes do Rossio, Caetano José da Silva Souto Mayor, elegido entre los primeros cincuenta miembros de la Academia Portuguesa de la Historia, famoso en la corte de D. João V por sus versos satíricos y una obra notable, “A martinhada”. Importante ligazón a la villa tuvo también el famoso bandolero andaluz Diego Corrientes, bandolero andaluz del siglo XVIII que en su última etapa se dedicó al contrabando de caballos en Olivenza, hasta que finalmente es apresado en un cortijo cercano y entregado a la justicia española. Clave en la historia de Olivenza es el extremeño Manuel Godoy. Natural de Badajoz y primer ministro del rey Carlos IV, fue el artífice de la incorporación de Olivenza a España tras la Guerra de las Naranjas, en 1801, visitando ese mismo año la localidad en compañía de los reyes españoles.

La Olivenza española nos ha legado hombres de las letras y pensamiento, como Tomás Romero de Castilla, maestro de tres generaciones de filósofos de los siglos XIX y XX; e intelectual destacado de su tiempo. Más reciente, fresca aún su memoria por su reciente desaparición, Manuel Pacheco, el poeta nacido en 1920 que está reconocido como uno de los tres más destacados del siglo XX en la región extremeña. Hombre muy querido y apreciado, cuenta con una importante y dilatada obra. La Biblioteca Municipal de Olivenza le ha honrado otorgándole su nombre y en ella reside el más importante fondo bibliográfico sobre el poeta.

De la villa de Alconchel es natural Francisco Vera Fernández de Córdoba, ilustre pensador e historiador extremeño (1899-1967). A lo largo de su vida desempeñó funciones de relevancia ligadas al mundo científico, tecnológico, universitario, periodístico... Este pensador e historiador de las ideas científicas tuvo una dilatada trayectoria formativa en universidades de España y, durante su exilio, en distintos países iberoamericanos, dejó publicadas una cincuentena de obras sobre Matemáticas e Historia de la Ciencia, amén de textos que permanecen inéditos. Junto a él destaca el folklorista Francisco González Santana, nacido en Alconchel en 1930 y criado en esta localidad, de familias oliventina y elvense. En el año 1991 se le otorga la Medalla de Extremadura de la administración autonómica, que premia una trayectoria en la que se reconoce su contribución en el rescate y salvaguarda del patrimonio cultural extremeño. Su aportación más relevante al mundo de la cultura es el Museo Etnográfico de Olivenza que lleva su nombre.

Continuando hacia el sur, cerca del vecino Alentejo portugués, llegamos a Villanueva del Fresno, pueblo de señorío y lugar de nacimiento de otros importantes hombres de su tiempo: D. Pedro Portocarrero, apodado el Sordo (1457-1519), conocido por su importante obra de misericordia. De su mismo linaje e ilustre familia, el obispo D. Pedro Portocarrero (Tercer cuarto s. XVI-1600) llegó a ser Inquisidor General y titular de las sedes episcopales de Calahorra, Córdoba y Cuenca. Defendió a Fray Luis de León en su causa ante el Santo Oficio. En pleno siglo XVII vivió el hombre de negocios Antonio Canseco, exiliado por la ocupación portuguesa de la villa (1643), importante armador naval en Cádiz y promotor de donaciones a la Iglesia del Cristo de la Expiración.

Pródiga es Villanueva del Fresno en otros personajes históricos: Pedro Antonio Quevedo y Quintana, a caballo entre los siglos XVIII y XIX, fue hombre religioso y político; obispo de Orense y cardenal, regente del Reino de España y diputado por Extremadura en las Cortes de Cádiz. Exiliado en Portugal durante la ocupación napoleónica, es sin duda un personaje influyente en la convulsa situación política de la Nación. Un contemporáneo suyo es José Antonio de Sarabia (1785-1871), sargento mayor durante la Guerra de la Independencia que terminó enrolándose en los ejércitos del Zar de Rusia, donde alcanzó el rango supremo de mariscal; Facundo Infante Chávez, brillante político de la época, llegó a ser Ministro del Interior en Perú y tras la amnistía de 1834 fue ministro de la Guerra, presidente del Senado y otras funciones de responsabilidad.

Barcarrota, por su parte, también presenta una buena cantidad de ilustres paisanos: Hernando de Soto, el explorador y Adelantado de la Florida. Hacia 1531 participa en la expedición de conquista del Imperio Inca, como lugarteniente de Francisco Pizarro. En 1533 es nombrado Teniente Gobernador de Cuzco y dos años después está en la fundación de Lima. En 1539 parte su gran empresa hacia la Florida, que termina tres años después con la muerte y el depósito de su cuerpo en el río Mississippí. Barcarrota, a pesar de la polémica con Jerez de los Caballeros por su lugar de nacimiento, le honra desde el siglo XIX como uno más de sus hijos ilustres. Su escultura fue la primera dedicada en la región a un conquistador extremeño.

Un tocayo suyo, Hernando Álvarez, es en el siglo XVI distinguido por ser cabecilla o maestro de uno de los movimientos heréticos de la época, el de los alumbrados. Su proceso fue seguido entre 1570 y 1582, siendo su condena a remar en galeras tras el testimonio de 300 personas. Por contra, Gonzalo Mexía Lobo es fiscal del Santo Oficio en Cuenca, Canarias y México; allí muere y deja testamento para que sean trasladados sus restos a la capilla que funda su hermano en la Parroquia del Soterraño, durante la primera mitad del siglo XVII. Las artes están representadas en Francisco Caballero y Villarroel, pintor del siglo XIX formado en la Academia de San Fernando (Madrid), del que destaca su cuadro “La visita hecha por Carlos V a Hernán Cortés, hospedado en 1528 en casa del Duque de Béjar”, y el músico Antonio Guzmán Ricis (1896-1944), autor de unas 240 obras musicales que van de lo clásico a lo popular y director de las bandas municipales de La Gineta (Albacete), Cuenca, Palencia, La Carolina (Jaén) y Baracaldo. Finalmente, José Sosa Hormigo, diputado socialista en 1936, miembro destacado de la Federación de la Tierra de U.G.T. y de la comisión provincial para la Reforma Agraria. Lideró la resistencia que se refugió, durante pocos meses, en la sierra de Monsalud. Exiliado a México, muere en 1978, iniciada ya la transición española.

Almendral, por otro lado, presume de hombres de ciencia y letras: Pedro Francisco Doménech Amaya y Ayala, profesor y escritor médico, nacido en 1755 y muerto en 1802 en Almendral, fue médico de la real Cámara de Carlos IV. José Segundo Flores, literato nacido en 1798. Catedrático de Lógica y Ética, perteneció a la Orden de los Agustinos, llegó a destacar como predicador y fue fundador de la publicación "El Magisterio", que defendía la enseñanza laica y pública en las escuelas. Otro personaje destacado de Almendral es D. Ramón Carande Thovar, doctor en derecho y catedrático de Economía Política y Hacienda Pública. En 1940 ingresa en la Academia de la Historia y publica el primer volumen de su célebre obra “Carlos V y sus banqueros”. Doctor Honoris Causa por las universidades de Lille y de Colonia, es galardonado por la Facultad de Ciencias Económicas de Florencia y, finalmente, con el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales en 1985.

En el vecino pueblo de Torre de Miguel Sesmero honran a dos preclaros artistas, cada uno en su género: Bartolomé de Torres Naharro, dramaturgo considerado uno de los precursores del teatro español, nacido en la calle del pozo en 1485. Soldado de joven y preso en Argel, acaba introduciéndose en los ambientes eclesiásticos de la curia romana, donde se ordena sacerdote, sirviendo al papa Clemente VII y a Bernardino de Carvajal. Instalado en Nápoles, hace imprimir su obra fundamental y recopilatoria, “Propalladia”, en 1517. Hacia 1520 moriría este importantísimo autor y teórico del teatro de la época.

El otro gran artista de la Torre es Juan Barjola, hijo de labradores nacido en 1919. Formado en centros como la Academia de Bellas Artes de San Fernando y el Círculo de Bellas Artes de Madrid, realiza una importante labor formativa y creativa, recibiendo influencias de pintores clásicos y contemporáneos. En 1988 se inaugura el Museo Barjola, en la Casa Capilla de la Trinidad de Gijón. Posee una muy destacada variedad de premios y reconocimientos del mundo del arte y la cultura (Premio Nacional de Pintura, Premio Nacional de Artes Plásticas, Hijo Adoptivo de Asturias y Medalla de Extremadura).

12/08/2009 12:22